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Los sistemas de tratamiento de aguas residuales en la industria alimentaria, restaurantes, hoteles y plantas de producción cumplen una función esencial: separar y remover compuestos orgánicos antes de su descarga al alcantarillado o cuerpos de agua. La remoción del material graso presente en las aguas residuales de la producción de alimentos es realizada por microorganismos benéficos especializados. Por lo cual es muy importante mantener la población de microorganismos benéficos especializados en buenas condiciones. El uso de productos químicos agresivos, como el hipoclorito de sodio, puede comprometer gravemente la eficiencia del sistema y generar problemas operativos que afectan la calidad del vertimiento y el cumplimiento normativo.

Teniendo en cuenta lo anterior podemos afirmar que uno de los componentes más críticos en estos sistemas de tratamiento de aguas residuales, es la población de microorganismos benéficos especializados, que son los responsables de la degradación de materia orgánica. Por lo tanto, cuando el hipoclorito de sodio, también conocido como cloro, proveniente de las tareas de limpieza y desinfección, entra en contacto con los microorganismos benéficos especializados, daña sus paredes celulares y provoca su muerte, impidiendo que el sistema funcione correctamente. Las consecuencias de esta alteración se reflejan rápidamente como: malos olores, acumulación de grasas, aumento de la carga contaminante y fallas en el tratamiento del agua residual.

Además, el hipoclorito de sodio, al ser un agente oxidante potente, reacciona químicamente con las grasas de origen animal y vegetal, saponificándolas y generando una consistencia gelatinosa y/o sólida difícil de remover mecánicamente. Una vez ocurre esta reacción química, dentro de un sistema de tratamiento de aguas residuales, es un indicativo que las concentraciones de hipoclorito son elevadas. En consecuencia, se consume rápidamente el oxígeno disponible del sistema y esto no solo afecta la capacidad del sistema para degradar la grasa, sino que también impacta directamente varios parámetros clave del vertimiento, fundamentales para el cumplimiento normativo, tales como:

  • Demanda Química de Oxígeno (DQO): Aumenta debido a la presencia de moléculas químicas no degradadas.
  • Demanda Bioquímica de Oxígeno (DBO): Se incrementa por la falta de oxígeno en el sistema. Además, no se remuevan los compuestos orgánicos dentro del sistema debido a la muerte de los microorganismos benéficos especializados.
  • Grasas y aceites: La saponificación impide su correcta remoción, provocando acumulaciones y obstrucciones.
  • pH del sistema: Se acidifica cuando hay concentraciones elevadas de hipoclorito, afectando la estabilidad del proceso biológico y la corrosión de los materiales.
  • Sólidos Suspendidos Totales (SST): Aumentan debido a la falta de biodegradación del material orgánico.

Para garantizar el óptimo funcionamiento de los sistemas de tratamiento de aguas residuales en cocinas industriales, plantas de producción y establecimientos de servicio de alimentos, es fundamental evitar el uso de químicos agresivos que alteren el funcionamiento y la estabilidad del sistema.

En la industria existen alternativas al hipoclorito de sodio, que permiten mantener las condiciones sanitarias y de desinfección en las áreas de producción y en utensilios, sin afectar el funcionamiento de los sistemas de tratamiento de aguas residuales. 

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